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| A
la memoria de José Baltar |
| Autor: |
MSC. Antropología Juan Mesa Díaz |
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Casa
de las Américas |
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Este
trabajo fue premiado en el Primer evento de Estudios
Asiaticos organizado por la Oficina del Historiador
de la Ciudad. |
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La Habana, junio del 2000. |
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SANFANCON
Un
chino en la corte del Rey Olofi
San
Fancón es una entidad religiosa bastante conocida aunque no siempre
reconocida como tal dentro del complejo religioso Ocha - Ifá en
Cuba.
Asumido
como avatar o "camino" de Changó en la lejana China, nuestro San
Fancón deviene singular producto cultural, propio de la integración
del chino al etnos cubano, proceso que comenzó hace poco más de
150 años.
I.-
La economía de plantación marcó definitivamente los cauces de la
cultura cubana. Si considerásemos válida la periodización que propone
Manuel Moreno Fraginals (14-II,94), en la etapa comprendida de 1838-1842
a 1869-1873, luego de agotar sus posibilidades productivas, la plantación
solo crece por involución y entra en crisis definitiva. La máquina
de vapor, el ferrocarril, los evaporadores al vacío y la centrífuga,
constituyen el embrión de la gran industria azucarera. La nueva
situación creada pedía a gritos el trabajo asalariado, pero el tránsito
desde la esclavitud no podía suceder sin afectar demasiados intereses
y la solución "...fue un sistema intermediio: el colono chino" (14-I,220-221).
A
fin de solucionar tal contradicción, entre 1847 y 1874 se introducen
en Cuba alrededor de ciento cincuenta mil culíes. Semejante
flujo migratorio influye necesariamente en la estructura clasista
de la sociedad cubana, así como en otros aspectos de la vida social
y cultural, y de hecho, en el proceso de formación y consolidación
de la identidad nacional.
Como
es sabido, anteriormente, en el período de 1790 - 1830, durante
la etapa de mayor auge de la plantación, una gran oleada de esclavos
africanos, fundamentalmente de origen yorubá, de los que llegaron
250 000, constituyeron la mano de obra esencial de ese tipo de economía,
mayormente desarrollada en el occidente cubano.
Así,
negro y chino compartieron en lo rural: barracón, cañaveral, ingenio;
en lo urbano: ciudadela y marginalidad; y, en general: segregación,
explotación y discriminación, tanto por su origen étnico, como por
su condición económico - social. También, es verdad, asumieron juntos
rebeldía, cimarronaje, apalencamiento y lucha mambisa.
El
brutal estado de semiesclavitud en que se sumía al colono chino
y su denuncia, provocaron la visita a Cuba de la Comisión Chin Lam
Ping en 1876 y el tratado chino - español de abolición de la semiesclavitud
al año siguiente.
El
suicidio masivo, la huida a los palenques libertarios y una solidaridad
entre sus compatriotas y los esclavos negros que sufrían de los
mismos males, también formaron parte de la cotidianeidad de aquel
grupo humano que se caracterizó desde siempre por su eficiencia
y dedicación en el duro trabajo, modestia, hermetismo, alto sentido
del deber, enorme dominio de las propiedades de los elementos naturales
(plantas, animales, etc.) y una espiritualidad que resultaba enigmática
para los que detentaban el poder. Muchos chinos se incorporaron
al ejército libertador donde derrocharon estoicismo y coraje (ninguno
traicionó ni desertó), gran cantidad de ellos poseían experiencia
militar, pues eran los prisioneros de la rebelión Taiping que habían
sido vendidos y traídos a América vía Macao. Alguno de ellos alcanzaron
grados militares en las filas mambisas como el comandante José Bu
o el capitán José Tolón, quienes, una vez constituida la república
en 1902, formaban parte del reducido grupo de extranjeros que podían
aspirar a la presidencia de la nación por los años y méritos acumulados
en las guerras de independencia.
Sin
embargo, las migraciones chinas no llegaron siempre vía Macao, ni
estuvo exclusivamente constituida por culíes. En el período 1860
- 1875, aproximadamente cinco mil chinos procedentes del suroeste
norteamericano, emigraron hacia Cuba huyendo de revueltas y legislaciones
de corte racista que se ponían en vigor en esas latitudes desde
tiempos tan tempranos. Este numeroso grupo contaba con algún capital
y se establece en las ciudades, fundamentalmente en la capital y,
específicamente, en el Barrio que se llamó desde entonces Dragones.
A la vera de unos años, después del arribo de los "californianos",
que utilizan como fuerza de trabajo a sus compatriotas más pobres
recién llegados o a los que iban cumpliendo sus contratos de ocho
años, Dragones contó con una envidiable infraestructura: negocios,
teatros, escuelas, sociedades, Cámara de Comercio, bancos, etc.
Algo
que no puede soslayarse es el origen de estos inmigrantes: la inmensa
mayoría provienen de los dos grupos étnicos de la China meridional,
el grupo punti (de Cantón y Fukien), y el grupo tonkia (de Swatow),
por lo que se difunde el complejo dialectal cantonés (dialectos
tai shan, sin jui, eng ping, hoy ping, nam hoy y chung shan) así
como las diferentes manifestaciones culturales del sur de China.
(10,5)
II.-
El legado que comienzan a aportar los chinos al proceso de formación
de nuestro pueblo - nación desde 1847 es difícilmente resumible
en escasas cuartillas, de todas formas lo que primero solo fueron
influencias, ahora se denotan rasgos de la identidad cultural aunque
cueste trabajo aún hoy, creer en un origen tan singular. La difusión
en La Habana del teatro de marionetas de madera para la representación
de ópera cantonesa data de 1873 cuando Carlos Chang, Li Weng y Lay
Fu fundan la primera compañía teatral (5,49), y tuvo su apogeo entre
1920 y 1950.
La
cultura culinaria de la zona meridional china, la celebración de
conmemoraciones y sobre todo, los aportes al conocimiento del medio
natural, al uso de las propiedades de plantas, y a la relación hombre
- naturaleza, tan ajena a los valores de la cultura dominante y
tan cercana de los africanos, son elementos a tomar en cuenta para
el análisis de esos aportes.
En
relación con el tema que nos ocupa , la veneración de los ancestros,
las formas de culto a los mismos y otras analogías en manifestaciones
de una cultura de resistencia que chinos y africanos debieron practicar
en un mismo medio y casi en las mismas condiciones de vida constituyen
el puente tendido para el toma y daca de creencias, conocimientos
y vías para la subsistencia, que al fuego de la historia se acrisolan
en lo que somos. Aunque el budismo era la religión predominante
en la región de origen de los grupos de inmigrantes chinos, específicamente
en la forma mahayana, que se basa en el canon Pali (contentivo de
las órdenes monásticas, libro de los servicios y libro de los comentarios),
de ninguna manera puede subestimarse la enorme influencia del Tao
y las manifestaciones populares del culto a la luna, al sol, la
tierra y el cielo en esas mismas regiones, lo que sin dudas constituye
otro punto de contacto con los sistemas religiosos de los pueblos
africanos asentados ya en Cuba.
El
culto a los difuntos tiene en los chinos una importancia vital.
Su Fiesta de la Claridad (Ching Ming) se celebra anualmente en el
mes de marzo en la fecha que fija el año lunar. Esta fiesta comienza
con una peregrinación al cementerio donde se departe con los difuntos
ofrendándoseles comidas y bebidas, para luego retornar a las sedes
de las asociaciones donde se realizan grandes cenas familiares y
fraternales, se quema incienso, se engalanan los altares de los
ancestros y se dedica un tiempo a la comunicación con los mismos.
Qué hablar entonces del conocimiento mostrado por los chinos de
herbalismo, acupuntura, digitopuntura o moxibustión, y la impresión
causada a los más avezados osainistas: "la magia de los chinos se
reputa por ser la peor" (4,33); "que la lámpara que le enciendan
a Sanfancón alumbra, pero no arde" (id,33-34).
III.-
Los chinos en Cuba se han agrupado en varios tipos de asociaciones:
territoriales, corporativas, políticas, de ayuda mutua y patronímicas.
Las primeras fueron La Unión (Kit Yi Tong), y Los Hermanos ((Heng
Yi Tong), que datan de 1867 y 1868 respectivamente. (5,11)
Las
sociedades territoriales agrupan a los nacidos en la misma región
o aldea. Las corporativas a propietarios con fines de mutua protección
ante la competencia. Las sociedades patronímicas son instituciones
tradicionales basadas en la organización clánica por vía patrilineal
característica de la aldea china.
Su
principio es la asociación derivada de la familia extendida y agrupa
a los chinos que se definen como descendientes de un antepasado
común. Todavía existen en Cuba diez de estas:
Yi
Fung Toy Tong (apellido Yi) On Ten Tong (apellidos Bu, León, Cheng
y Hung) Wong Kon Ja Tong (apellido Wong) Jong Sai Li (apellido Li)
Lung Con Cun Sol (apellidos Lau, Kuang, Chiong, y Chiu) Chi Tack
Tong (apellidos Eng, Chao, Choi y Yun) Soy Jo Jon (apellido Lam)
Sue Yu Tong (apellido lui, Kong y Fong) Chang Weng Chung Tong (apellido
Chang) Chang Luen Kong Sol (apellidos Jan, Joy y Chie). (3,221).
La sociedad Lung Con Cun Sol fundada en 1900 compuesta por chinos
de los apellidos antes citados están directamente vinculados con
los cuatro próceres a los que se les rinde culto en la misma: Lao
Pei, Kuang Yu, Chiog Pei y Chiu Chi Lung. Estos cuatro guerreros
se hermanan en juramento fraternal durante la Guerra de los Tres
Reinos (220 - 280 n.e.) a fin de defender la dinastía Han amenazada
por el clan Wei.
Aún
y cuando Lao Pei es el eje central de esta alianza, pues resultó
ser el último monarca de la dinastía Han, el culto es presidido
por la segunda figura en la jerarquía: Kuang Yu, el más valeroso
de sus generales, símbolo de lealtad a toda prueba, a cuyo nombre
se le adiciona el término Kong cuyo significado es: ancestro venerado.
De hecho, antes de la fundación de la Sociedad Lung Con Cun Sol,
se tienen noticias de la conocida "Leyenda de Cimarrones", que la
tradición oral de esa zona de la provincia de Matanzas ubican en
el último tercio del siglo XIX (cabe significar que la llanura Habana
- Matanzas fue el emporio de la plantación y por tanto sede de los
mayores asentamientos rurales de colonos chinos).
La
leyenda cuenta que el campesino Chung Li fue poseído por el espíritu
de Kuang Kong, quien habló por su boca y dijo: "soy el príncipe
viajero que trae la buenaventura a los buenos hijos que recuerden
el hogar abandonado" e instaba a vivir honestamente del trabajo
y compartir su arroz con los necesitados. (3,224) De ese tiempo
a esta parte, el espíritu viajero del "ancestro venerado de Kuang"
es conocido como Sanfancón, San Fancón o Chan Fan Kong, es decir,
trascendiendo con el añadido San (apócope de Santo), las corruptelas
de Fan por Kuang y con por Kong. Se conoce que los estados de posesión
son frecuentes bajo ciertas circunstancias en algunos practicantes
de la regla de Ocha. Si añadimos que la figura de Kuang Yu es un
guerrero valiente, ataviado en sedas rojas y que blande la espada
en cuanta imagen se conoce de él en Cuba; que se haya manifestado
"montando" en uno de sus descendientes, no es ocioso pensar en una
identificación con el valeroso Changó, habitualmente sincretizado
con Santa Bárbara, también de rojo atuendo y acompañada por la misma
arma: una de las deidades más populares en nuestro país. A partir
de entonces, San Fancón como avatar o "camino" de Changó se integra
al planteón yorubá adorado en la isla, específicamente en la región
donde la presencia china se hace más evidentemente integrada a la
población de origen yorubá y a otros componentes de lo que hoy es
el etnos cubano, que desde esos tiempos asumieron al complejo religioso
Ocha - Ifá como expresión religiosa.
IV.-
Hagamos un alto en algunas analogías conceptuales de los sistemas
culturales yorubá y de origen chino que se encuentran y acrisolan
en Cuba, a saber: ¨ La veneración, culto y, en ocasiones deificación
de los ancestros a partir de una estructura ideológica que los considera
guardianes del conocimiento, la ética y la moral; y un modelo de
identidad; elementos que permiten institucionalizar la comunidad
entre vida y muerte poniendo de manifiesto el aspecto sociofilosófico
más importante de ambos sistemas de creencias: el sentido total
de la vida. ¨ La similitud entre práctica médica y religiosa, que
se traduce en la aplicación de principios curativos empíricos y
simbólicos que demuestran su eficacia y pretenden su legitimación
en los contextos en que se usa; basados en la comunicación con el
paciente, el conocimiento re-actualizado del entorno, la aplicación
de elementos naturales, la acción ritual que manipula las fuerzas
espirituales-naturales en función curativa y la dependencia divina
del éxito de este proceso, que se erige como alternativa a la medicina
institucional. ¨ La creación de modelos de realidad dialécticos
y reestructurables en el nuevo hábitat caracterizado por la deshumanización,
el sometimiento y la deculturación obligada, que da lugar a un proceso
de transculturación entre culturas que comenzaron por representar
las identidades étnicas por separado y se convierten, al interrelacionarse,
en elementos distintivos de identidad de clase, que se expresan
en el sentido del sacrificio, la transmisión oral, y la adaptabilidad
de los sistemas de creencias a condiciones de cultura de resistencia.
¨ Las analogías evidentes entre los sistemas de consulta-interpretación
(denominados "de adivinación"), tradicionales de ambas culturas:
Iching - Ifá.
V.-
San Fancón constituye un ejemplo evidente de aquellos "variadísimos
fenómenos que se originan en Cuba por las complejísimas transmutaciones
de cultura que aquí se verifican" (15,137). Tal entidad, identificada
como "camino" de Changó en China es otro elemento que prueba el
principio de representación múltiple de las deidades en el complejo
religioso Ocha - Ifá practicado en Cuba. Su advenimiento en el encuentro
de culíes y yorubás en medio - rural y urbano- de la plantación
y el cimarronaje, a partir de las analogías en la espiritualidad
de ambos pueblos; de compartir vicisitudes históricas y hábitat,
le hacen un singular fruto cultural chino - africano exclusivo de
la cultura popular tradicional del occidente cubano. Una entidad
religiosa con esas características en tal situación histórica; su
integración al sistema representacional de un cuerpo de creencias
bien estructurado y, su permanencia en el mismo, demuestra además,
una aspiración metafísica trascendente de un grupo humano que pretende
conservar dialécticamente su identidad, en condiciones críticas
de subsistencia; desde la resistencia, hasta su consolidación como
elemento de la cultura popular en el nuevo etnos; en la nueva conciencia
colectiva que lo reinterpreta y asume, lo reactualiza y libera.
Así nace y crece, en el devenir de la formación de nuestra identidad,
un chino valiente y leal, mulato y cubano por más señas, que ingresa
a la corte del Rey Olofi por los méritos que su pueblo (el mío)
le ha otorgado.
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Informantes: Cuang, Manuel Chao Chiú, Alfonso Chiu, Guillermo Eng,
Armando Fong, Manuel Wong.. |